¡Cómo disfruto los parques
-desnudos de humanidad-
a la hora del almuerzo!
Quedamos -a ratos- solos los gorriones,
las palomas, los árboles, el aire y el sol.
¡Cómo brilla entonces -en el silencio-
la insignificancia del mundo!
Cuando el miedo cesa de enturbiar
con el pataleo del ansia,
la Vida se revela clara, prístina,
serena y misteriosa esencia.

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