CostRumbre


Lenta y constante,
-como el fluir de la sangre-,
llega la costumbre.

Sigilosa,
lo cubre todo
con su color de tela asfáltica.

Y así uno acepta
el cotidiano
como cárcel convencional.
Y al otro
como tortura ineluctable.
Y al amor
como excusa para el alma.

Uno acepta
lo que le echen
con tal de que no amanezca
la noche.


Logroño, 10 de julio de 2009

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